Pelo (髪 / kami)

Dos iconos absolutos del Manga, Astroboy y Son Goku. Dos rasgos icónicos absolutos, ojos grandes, pelo raro. Ay, ¡esos cortes de pelo hipnotizantes! Pelos rosas, azules, verdes o violetas del Anime. Largas y cuidadas cabelleras de las cortesanas de Heian. O largas y peligrosas y caóticas cabelleras de los fantasmas femeninos. Para los primeros occidentales que pisaron esos lejanos puertos, infinitas coletas en la china de los Qing o sofisticados moños de samuráis en el Japón de Edo. Los Supersayan marcando su acceso a la casi divinidad luciendo una hoguera dorada sobre su cabeza. ¿Qué extraños poderes encierran los peinados asiáticos?

Murasaki Shikibu, Tosa Mitsuoki.

Al principio de los tiempos, en el Japón achinado de la corte de Heian (794-1185), el pelo se lucía larguísimo. Los rollos ilustrados de su delicadísima literatura cortesana, escrito por y para mujeres, siempre nos muestran a las aristócratas en su escritorio, un pincel en la mano, y una larguísima cabellera perdiéndose en los pliegues sedosos de su kimono.

Izanami e Izanagi, Utagawa Hiroshige
La pareja celestial contemplando el mundo desde un puente
Ring, Hideo Nakata.
¡Buuuuh!

Al principio de los tiempos, en la mitología nipona, está una pareja de enamorados, Izanami e Izanagi, ambos con larguísimas cabelleras. La creación en la cosmogonía japonesa es un acto de amor, un coito celestial. Pero pronto Izanami muere dando a luz. Su esposo bajará a buscarla al inframundo. Al principio parece que vaya a poder volver con ella a las altas llanuras donde les esperan todos sus retoños. “Espérame aquí, ahora llego”, le dice la Diosa. Desoyéndola, penetra en su cueva y la ve bajo su nueva apariencia, carcomida, putrefacta, y con unos pelos tentaculares con los que intentará agarrarlo antes de que consiga huir y selle para siempre la puerta entre ambos mundos: muertos y vivos han de permanecer separados. Supongo que de esa imagen de la primera muerta de la historia y su pelo arma descienden las innumerables muertas fantasma en las historias de terror niponas hasta la Sadako de Ring que ha privado de sueño a tantos millenials occidentales.

Érase una vez en China, Tsui Hark.
¡No te atrevas a tocarme la coleta!

En unas civilizaciones, las orientales, que elevaron las regulaciones burocráticas a la categoría de arte, los cortes de pelo no podían escapar al afán normatizador de los funcionarios. Una historia que me fascina particularmente es la de la coleta china. Cuando la norteña dinastía manchú de los Qing sometió el conjunto de China en 1644, impusieron como signo de esa sumisión la coleta y la frente afeitada al conjunto de la población Han masculina. “Mantén tu pelo y pierde tu cabeza, o mantén tu cabeza y pierde tu pelo”. Sin embargo, con los siglos, esa coleta acabó deviniendo un orgullo y un signo de adhesión a los valores tradicionales chinos. A principios del siglo XX, una verdadera guerra de la coleta estalló, con los partidarios de la modernización del país cortando a lo salvaje coletas por la calle con alevosía, nocturnidad y premeditación. En las películas de artes marciales ambientadas en esa época y en primer lugar, obviamente, la saga de Érase una vez en China, mantener su coleta intacta es una cuestión de honor para milicianos y guerreros.  También lo es en las películas de samuráis. La apabullante Harakiri de Masaki Kobayashi (me faltan superlativos para hablar de ella) alcanza su clímax cuando el protagonista exhibe las tres coletas que ha conseguido cortar, como símbolo de la hipocresía de los samuráis y del vacío que envuelve la palabra honor.    

Ranma 1/2, Rumiko Takahashi
Naruto, Masashi Kishimoto

Aunque cortar el pelo también puede ser liberador. Dos escenas manga que siempre me han gustado. La primera cierra el ciclo inicial de Ranma ½. Akane pierde accidentalmente su larga cabellera en medio de una disputa con clara tensión sentimental. Una cabellera infantil, que guardaba por imitación a su hermana mayor y por gustar a su amor de niña, el doctor Tofu. Una cabellera, en definitiva, que cuidaba y peinaba como un intento de obedecer al imperativo de género de la “dulzura” femenina y de reprimir su carácter temperamental. Tras el choc inicial, ya va a lucir pelo corto durante los tropecientos tomos siguientes. La segunda escena también cierra el ciclo inicial de Naruto. Sakura, humillada en un combate, corta su largo pelo infantil (que también cuidaba para gustar a un chico), liberándose así de su agresora y, de paso, de todos los miedos y limitaciones heredados.  

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