Políticas (政治 /Seiji)

¿Se os hacen a veces difíciles de entender las intrigas políticas que aparecen de telón de fondo en las ficciones orientales? ¿Qué coño son NERV y SEELE en Evangelion? ¿Por qué tienen esa manía de dejar tantos cabos sueltos? No os preocupéis. Yo tampoco las entiendo. Es más, estoy convencido de que ellos tampoco. Y que les gusta así, y creen que así ha de ser.

Santuary, Sho Fumimura y Ryoichi Ikegami.
o la gerontocracia nipona,

Ayer me acosté tarde mirando los resultados de las elecciones catalanas. Y mientras daba vueltas en la cama con el pactometro de Ferreras en mi cabeza, me di cuenta de algo fuerte. A pesar de la cantidad de ficción oriental en general y japonesa en particular que puedo llegar a engullir, tengo escasas representaciones mentales de lo que puede ser una noche electoral allí. Algún político corrupto (pero de apariencia muy digna y tradicional, siempre en Kimono) suele aparecer a veces intercambiando con algún Yakuza maletines llenos de dinero para financiar su campaña, en la sofisticada discreción del porche de algún jardín Zen. Pero campaña electoral en sí, y no digamos ya jornada electoral, así de pronto no se me ocurre ninguna. Seguramente habrá en el ideológicamente agitado gekiga setentero, en el Tezuka de aquella época, o en Santuary, donde seguimos la carrera paralela de dos amigos, un Yakuza y un político. Pero en producciones más recientes, solo consigo pensar en Eagle, una docena de tomos que narran la ascensión de un americano-japonés desde las primarias del partido demócrata hasta el despacho oval. ¿A caso no les interesa a los japoneses su propio sistema político?   

Shin Godzilla, Hideaki Anno.
El primer ministro y su gabinete de crisis reducido

Tampoco veremos mucho al gobierno japonés o a su primer ministro escapar de algún desastre o peligro, rollo US president a bordo del Air Force One. Al menos no tanto como a los americanos, que en los comics de Marvel o DC los he visto a todos, desde Nixon a Trump y parece que la Casablanca sea el patio trasero de la mansión de los Vengadores. Notable excepción des está ultima década: el Shin Godzilla de Hideaki Anno (sí, el de Evangelion, y se nota). Mientras la más famosa de todas las criaturas atómicas gigantes va destrozando lentamente y a su aire la capital, asistimos a las peleas internas de un hipertrofiado gabinete de crisis, que entre el primer ministro, sus ministros y secretarios de estado, sus consejeros y sicofantes, deben sumar más de cien. Y de hecho, ni tan solo hablaría de peleas internas, sino más bien de lentitudes protocolarias: rigideces en los turnos de palabra y en quién puede o no expresarse, convenciones tácitas de respeto a los mayores y de lo que es conveniente o no criticar y palabrería hueca generalizada. Por suerte, a mitad de la peli, [SPOILER] el primer ministro y su círculo estrecho mueren en una de las rabietas del monstruo, y el joven y ambicioso protagonista toma las riendas y con su equipo reducido arregla rápidamente la situación. Y es que Shin Godzilla, a contracorriente de la ética mayoritaria en las producciones niponas, en el fondo es una oda a la ambición individual frente a las limitaciones del grupo, nacida a raíz de los escándalos en la torpe gestión del desastre de Fukushima.

La ambición individual y, sobre todo, el acaparamiento de los focos y flashes de la atención pública (en resumen, los camerawhore) no están bien vista en la política y la historia japonesas. Más bien al contrario, 1400 años de historia han perfeccionado un sistema en el que el centro de gravedad del poder se diluye en multitud de figuras y cargos y consejos y se esconde detrás de multitud de filtros para que nadie sepa nunca exactamente quién toma la decisión, dónde, cuándo, cómo y qué (vaya, que Puigdemont y Junqueras son aprendices). El momento más sublime en dilución y ocultación del centro del poder es sin duda el periodo Kamakura (1185-1392). Por un juego de filtros y delegaciones, el emperador (de la familia imperial) estaba bajo la doble tutela del emperador retirado (que solía ceder su cargo a medio reinado) y del regente del emperador (del clan Fujiwara), al frente de la corte de Kyoto y de los asuntos religiosos, mientras que el Shogun (del clan Minamoto) estaba bajo la doble tutela del Shogun retirado (que solía ceder su cargo a medio reinado) y del regente del Shogun (del clan Hojo) al frente de la corte de Kamakura y de los asuntos militares y civiles. Cada uno, evidentemente, teniendo la obligación, antes de tomar cualquier decisión, de consultar a su consejo personal, esas estructuras que tanto nos gustan en los manga, donde el patriarca del clan se sienta ritualmente frente a sus familiares (todos exquisitamente de rodillas uno frente a otro) para pedir permiso antes de adentrarse en terreno pantanoso.

Evangelion, Hideaki Anno.
o la representación más abstracta del poder

 El consejo del clan, con su jerarquía estricta y su red de favores y obligaciones recíprocas, es una institución esencial para entender el funcionamiento de la sociedad tradicional japonesa e incluso actual, ya que su estructura ha servido de modelo para la toma de decisiones a más alto nivel. ¿Qué es en Evangelion el SEELE, Human Instrumentality Committee, sino un consejo clánico cuyos miembros se ocultan bajo la forma de monolitos de sombra? Idénticas instituciones vemos en Kakegurui, con el consejo del clan Momobami, o en Noragami, con el consejo divino, siempre con sus miembros debidamente ocultados por un juego de luces y sombras: seguimos con la mística oriental del poder oculto y de las decisiones que “se” toman, sin sujeto claro. Incluso en Naruto. Kage significa sombra en japonés, la sombra de la villa. Apunte lingüístico: el japonés es una lengua en la que el sujeto del verbo lo suele dar el contexto, no la gramática, y con muchos modalizadores verbales para expresar colectividad y pasividad en la toma de decisiones. De ahí la sensación que tenemos a menudo en muchos mangas (Evangelion a la cabeza), de que el héroe padece, en vez de actúa, y de que la intriga se va construyendo sola, por un juego de fuerzas que sobrepasa a los protagonistas.

The Grand Master, Wong Kar Wai.
Entre triadas, comunistas, ingleses, japos, manchús y demás, no me enteré de nada

He hablado poco de China esta vez. Un país con una estructura clánica mucho menos marcada, ya que las fronteras del clan se fueron diluyendo y desdibujando hasta alcanzar las varias decenas de miles de miembros, una cifra poco operativa y práctica. En su lugar, hallaremos un abanico infinito y centenario de triadas y sociedades secretas de protocolos más o menos esotéricos y actividades más o menos legales. La triada, esa maravillosa mezcla de escuela espiritual, actor político en la sombra y negocio mafioso. Quizá fuera incluso gracias a esa manera tradicional de entender la práctica del poder que triunfó el Partido Comunista Chino, con sus células secretas, su gusto por el secreto y la acción política al limite de la legalidad o su aparato teórico marxista-leninista-maoista a veces algo críptico, como una galleta de la fortuna. Así que, volviendo al planteamiento inicial del post, si las proverbios chinos, las paradojas Zen y las galletas de la suerte te parecen difíciles de entender, es normal que sus intrigas políticas también.  

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