Monturas (乗り物 / norimono)

¿Cuáles son los atributos del héroe? La respuesta la tenemos en nuestro icono manchego. En esa génesis espontánea heroica que es la autoproclamación como caballero del Quijote, lo primero que hace el hidalgo es buscarse un nombre, un casco, una lanza y un caballo, al que bautiza Rocinante para emparentarlo con otros corceles legendarios como el Bucéfalo de Alejandro el Grande o el Babieca del Cid Campeador. Con un poco más de imaginación y brilli brilli llegamos al Pegaso de Perseo y demás caballos alados griegos, al Águila gigante sobre la que Gándalf llega para salvar a Bilbo o incluso al tigre (hay que reconocer que super molón) que cabalga He-Man. Pues ese era más o menos mi horizonte mental de expectativas en cuanto a monturas heroicas hasta que, teniendo yo 8 o 9 años, TV3 decidió emitir Dragon Ball y, en el tercer capítulo, un viejecito que se desplazaba a “lomos” de una tortuga le dio a un niño con cola una nube amarilla compacta para que surcara los cielos. Y, ojiplático y con la mandíbula desencajada, entendí que eso sí que molaba.

Dragon Ball, Akira Toriyama

Así, sin ningún orden particular, algunas de las genialidades en términos de monturas usadas por los protagonistas de los mangas más famosos: la batalla de los tres ninjas legendarios en Naruto, con Tsunade a hombros de su babosa gigante, Jiraiya a los de su sapo y Orochimaru a los de du Serpiente; Tao Pai Pai volando impávido sobre una columna de mármol cuya trayectoria ha calculado con la precisión de la Nasa; cualquiera de los “animales” de Inuyasha (o incluso la pluma de dos metros en el caso de Kagura), cuya excentricidad solo es igualada por la naturalidad prosaica con la que se desplazan por los aires, como si fueran una línea de autobuses urbanos; los dioses lobos blancos de Princesa Mononoke, obvio.

Naruto, Masashi Kishimoto
Dragon Ball, Akira Toriyama.
Próxima estación, torre de Karín
Inuyasha, Rumiko Takashi.
o la mejor montura ever: Totosai sobre su buey volador

Una des primeras cosas que atrajeron inmediata e irremediablemente mi atención en la India, fue una colección de cómics mitológicos viejunos que hay en absolutamente todos los quioscos del subcontinente y en particular en las estaciones, con lo que me pasaba los largos trayectos en tren devorándolos. Se llaman Amar Chitra Kathas y fueron fundados en el 1967 con el objetivo de devolver la cultura tradicional a la juventud, más familiarizada tras doscientos años de dominación inglesa con las genealogías de Aquiles o de Hércules que con las de Rama o Krishna. Tienen una estética algo anticuada ya, rollo el Capitán Trueno y han sido acusados de fomentar el nacionalismo hindú, de incitar al odio hacia las minorías étnicas, de presentar una imagen misógina de la mujer y otras lindezas. Pero los abres y ves a Shiva, Visnú o Brahma conversando cual los vengadores en su mansión o los X-Men en su escuela, a caballo de sus respectivos Vájanas (el ternero, el hombre pájaro y el cisne) y yo me derrito.

Tales Of The Mother Godess, Amar Chitra Kathas

Los Vájanas son los vehículos de los dioses. Suelen ser animales más o menos quiméricos, a los que se asocia una serie de cualidades mágicas, metafísicas y esotéricas. Y como las representaciones pictóricas o esculturales de esos dioses suelen situarse más en el registro simbólico que en el de la verosimilitud tal y como la entendemos en Europa, los resultados pueden ser más que curiosos. Por ejemplo, el Vájana del enorme Dios elefante Ganesh es un ratón. Un elefante cabalgando un ratón, habéis leído bien.

Visnú sobre Garuda, detalle de los Dioses contra los Assuras, Angkor Vat

Japón estaba apenas entrando en la edad oscura de la protohistoria, hacia el siglo V a.C, y en la India ya empezaban a redactar sus dos grandes epopeyas el Mahabharata y el Ramayana. Ambas irrigaron por todo Asia. Los reyes tailandeses, que en toda modestia y humildad se otorgan siempre a sí mismos el nombre de Rama (algo así como sí los Borbones se llamaran Hércules I, Hércules II, etc.), cubrieron su palacio de Bangkok con frescos del Ramayana, donde vemos al gran héroe indio saltar del continente a la isla de Ceylán a hombros del dios mono Hanuman, ancestro lejano de son Goku. Los monjes camboyanos de Angkor Vat prefirieron meditar delante de los bajorrelieves del Mahabharata, y en particular delante de la super épica representación de la batalla de los Dioses contra los Assura con, en medio, Visnú sobre Garuda, el hombre pájaro, repartiendo leña a diestro y siniestro. Y de pescador en mercader, de monje errante en cuentacuentos itinerante, los Vájanas se fueron deformando, travistiendo y enriqueciendo, y de algún modo llegaron al archipiélago nipón y de ahí a la plumilla de Rumiko Takashi o de Akira Toriyama, hasta penetrar en la retina de un niño catalán de 9 años de los años ochenta.

2 comentarios sobre “Monturas (乗り物 / norimono)

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  1. A mí lo de volar en las nubes me parece muy chino, que todos los héroes y divinidades siempre están desplazándose sobre alguna nube en los dibujos kitsch.

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