Burocracias (官界 / kankai)

Durante siglos y hasta hace bien poco, en Europa poníamos en la cúspide de la jerarquía social a la casta de los guerreros, demostrando nuestro interés por la violencia, la guerra y la sumisión del prójimo. En la India, este honor lo ocupaban los brahmanes, sacerdotes y otros gurús, subrayando, en cambio, su poco interés por las cosas de este bajo mundo material. En la esfera arabo musulmán, recayó en los mercaderes, exhibiendo su gusto por el intercambio y regateo de bienes, servicios, ideas y secretos a lo largo de esa espina dorsal de la humanidad que fue la Ruta de la Seda. Y en el muy lejano Oriente, a lo máximo que se podía aspirar en términos de dignidad social y de adulación del público, era a aprobar unas opos y convertirse en mandarín, es decir, en alto funcionario del estado. Demostrando su amor incondicional por el papeleo y la burocracia.

Examenes imperiales en la antigua China, Dinastía Song (960-1279 d.C)

Corre el año 606, y a decenas de miles de quilómetros de las últimas convulsiones de lo poco que queda de Roma, en Chang’an, acaba de darse forma al sistema de exámenes imperial chino. Durante los catorce siguientes siglos, una red complejísima de oposiciones decidirá quién manda, en el pueblo provincial más lejano así como en la misma corte imperial. Los candidatos deberán demostrar desde su sutileza para glosar los textos clásicos de Confucio hasta su talento para componer poesía de rigurosa métrica. Y a pesar de la mucha corrupción y enchufismo que rodeará al sistema, esta obsesión por los registros, los números y las regulaciones también permitirá la mayor producción agrícola y artesanal que ha conocido la humanidad hasta la revolución industrial.

Detective Dee, Tsui Hark.
ELLA

Si hay algo fascinante en el montón de ficciones contemporáneas chinas y coreanas que suceden en la corte, son justamente los grupos pletóricos de funcionarios del estado deambulando por los pasillos y las intrigas que urden. Y es que contrariamente a Japón, el emperador chino (o el rey coreano), por muy Hijo del Cielo que fuera, encarnaba una función sagrada pero su persona no lo era tanto. El deber de los funcionarios era velar por el estricto cumplimiento de la ley y de la tradición y en el caso en que el emperador y su familia no estuvieran a la altura, un cambio de dinastía era una opción de recambio perfectamente contemplable. Muchísimas películas de esas de artes marciales en vestidos de seda giran entorno a la misma pregunta: ¿Qué hacer cuando el emperador se convierte en un tirano? Las respuestas suelen ser tan oscuras y ambiguas como los proverbios de las galletas de la suerte. Una de mis sagas preferidas es Detective Dee, maravillosamente kitsch y con unos decorados y unos efectos visuales dignos de un gran casino de Macao. La problemática del poder imperial tiránico y de las confrontaciones entre las distintas agencias y cuerpos del estado sostiene cada una de las películas de la trilogía. Tal vez al ser mi amado Tsui Hark de Hong Kong se pueda leer, a modo de subtexto, como una transposición de sus sentimientos encontrados hacia el régimen en China Continental, pero en esas aguas pantanosas no me meteré.

Rookie Historian Goo Hae-ryung, Sohn Hyung-suk.
Mi próximo examen lo haré vestido y sentado así

También Corea está produciendo un montón de series de espadas, intrigas, vestidos de seda y tocados imposibles. Y de películas de zombis. Y de películas y series de zombis, intestinos, espadas y vestidos de seda. Todas se fundan en la idea central de la corrupción de la sociedad y en particular, de la clase política (nada extraño a la luz de los incontables escándalos que han salpicado a la élite coreana en la última década, que hasta la expresidenta ha sido condenada a 24 años de cárcel). De entre todos estos soap orientales, uno me es particularmente simpático: Rookie Historian Goo Hae-ryung. Una especie de telenovela en la que seguimos a la protagonista y a sus esfuerzos por escapar a su inevitable destino de esposa, su intento de presentarse a las primeras opos para historiadoras femeninas de la corte y sus desventuras con los complicados rituales que rigen en Palacio y en las oficinas y administraciones. Y las faldas abombadas de las aristócratas y los sombreros con plumas de los guardias son lo más.

Dragon Ball, Akira Toriyama

En Japón, el sistema de exámenes a alto funcionario nunca acabó de cuajar. En el periodo Heian (794-1185 d.C), cuando la influencia de China era inmensa y los japoneses importaron su religión, su escritura y sus costumbres, hubo un amago de implantarlo. Sin embargo, el sistema tribal de la sociedad nipona y la importancia del clan, con su red de favores, dieron al traste con los intentos de la corte para escoger a los altos mandos mediante un sistema meritocrático. Y luego vendrían ya los samuráis, que dejaron a los cortesanos en su cárcel dorada de Kyoto y empezaron a ocuparse ellos mismos de las cosas importantes. Curiosamente, es en las leyendas y mitos importados de China donde esta fascinación oriental por el funcionariado pervive. ¿ O no recordamos todos el ultraburocratizado más allá de Dragon Ball o Yu Yu Hakusho, con el Rey Enma del inframundo (basado en el tradicional Yama chino) y sus montañas de papeleo, tampones y demás instrumentos de tortura moderna?   

2 comentarios sobre “Burocracias (官界 / kankai)

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  1. Todo bien y muy interesante, pero la imagen que has escogido para el Rey Enma de Dragon Ball está sacada del videojuego, no del anime, y de hecho se ve a un gamer en la esquina superior derecha :S Holiiii!

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