Abismos (淵 / fuchi)

¿Qué tienen en común el destello de una cabeza de dragón dorada entre las sombras densas de un templo iluminado por escasas velas, los dientes ennegrecidos con hierro y vinagre de las damas de la corte de Heian o los reflejos extraños de la sopa miso en un cuenco oscuro barnizado de laca? Para Tanizaki, meditando mientras hacía sus necesidades deslumbrado por la excesiva luz de los lavabos occidentales que se estaban poniendo de moda en el tumultuoso Japón de los locos años 20, todo. En su Elogio de la Sombra, opone la necesidad occidental de examinar objetos y personas con luz clínica e intensa al gusto japonés por las tenues formas que proyecta el fuego mientras se exploran las profundidades de la oscuridad. ¿Qué secretos aguardan en el fondo de los abismos?

Izanagi, perseguido por Izanami y los demonios

El primer explorador japonés de los abismos es Izanagi, tal y como lo recoge el Kojiki, ancestral colección de relatos mitológicos. Su amada Izanami, con quien engendró multitud de dioses y también las islas que conforman el archipiélago nipón, ha muerto. Mientras daba luz al Dios del fuego, sufrió una especie de combustión espontánea. Por suerte, en Japón, una cueva conecta directamente la superficie con el mundo de los muertos: los distintos niveles de existencia siempre son más permeables y menos categóricos que en el Occidente cristiano. Así que cual Orfeo yendo a buscar a su Eurídice a los dominios de Hades, Izanagi irá a buscar a su Izanami al inframundo.  Y cual Orfeo también, no obedecerá a su amada muerta que le pide que le espere un ratito en la puerta mientras recoge sus cosas de muerta antes de volver al Takamagahara, la llanura de los cielos altos. ¡Ay la impaciencia, ese pecado imperdonable en Japón! En fín, que cual Orfeo, volverá a perder a su amada, esta vez para siempre. En el fondo del abismo yacen pues el recuerdo de los muertos y el sentimiento de culpa.

Akira, Kastuhiro Otomo

En su traducción al Manga, el abismo por excelencia lo volvemos a encontrar en Akira. Allí donde antaño se erguía orgullosa la ciudad de Tokyo, hoy solo quedan escombros y el gigantesco cráter de la explosión que la aniquiló. Y muy por debajo de ese cráter, en una camera de criogenización al cero absoluto a la que solo se accede por un larguísimo túnel/cueva, flotando en un estado de animación suspendida, el niño Dios Akira, responsable del desastre, un secreto inconfesable que muy pocos conocen. En el fondo del abismo yace pues la energía incontrolable de la nueva generación, encadenada por los adultos pero lista para ser desatada en una nueva y violenta tormenta de destrucción y regeneración de este mundo caduco.

Dragon Head, Minetaro Mochizuki

Otro Manga con un abismo literalmente insondable: el perturbador Dragon Head. Desde el inicio se establece un paralelismo entre la exploración de los recovecos más inconfesables del alma humana, el derrumbe progresivo de la psique los personajes y el apocalipsis de fuego y noche eterna que asola Japón. Hasta llegar a uno de los momentos más poéticos, el intento de descender en helicóptero por ese mar de oscuridad que acaban de descubrir donde antes estaba el Monte Fuji. Descenso abortado: esa oscuridad no tiene fin y el suelo aparece inalcanzable. En el fondo del abismo, locura y noche eterna.

Dragon Ball, Akira Toriyama

También un cráter hasta el corazón mismo del planeta perfora Namek, antaño apacible paraíso ecofriendly y hoy arrasado por el genocidio implacable de su población a manos de las tropas del tirano Freezer. El paisaje de tormentas de fuego y montañas derrumbándose que sirvió de telón de fondo para la más épica de las batallas nos marcó a todos. Y en medio, en el fondo del abismo, el núcleo/corazón de un mundo que se muere

Made in Abyss, Akihito Tsukushi

Y para terminar, Made in Abyss, de la que aún no tengo muy claro qué pensar porque acabo de empezarla a ver esta semana, pero una serie sobre niños exploradores del inframundo, con una ciudad literalmente al borde del abismo y unas profundidades donde te arriesgas a perderte para siempre o perder tu humanidad, solo puede gustarme.  

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